martes, 23 de diciembre de 2014

¡Pitsaaa!



No tengo mucho que decir al respecto en cuanto a preparación... más de uno me ha descrito la forma tan sencilla de preparar una pizza... del sabor y color que quieran, pero casi nadie me contó antes de cómo se prepara una "pitsa", y solo puedo decir que es un agasajo. La imagen de arriba muestra cómo estaba antes de entrar al "infihorno" (disculpen las molestias que éste recalibramiento de palabras puede "ocasihornearle"... ¡chin, de nuevo! ¡Dioses!) y la pinta que tenía cuando salió (ya le faltaban dos rebanadas, me cae).



Y digo que no tengo mucho que decir al respecto, porque hasta ahora mi esfuerzo por guardar alguna evidencia para mis afectos, me ha sido imposible. Las dos primeras imágenes y las dos últimas de ésta entrada, son de hace unas horas. Un experiemento lleno de serendipias (Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta / fuente: wikipedia). Pero demos forma a este choro, y comienza con lo acontecido el pasado viernes 19 de diciembre, en algún rincón de la rivera chiapacorceña.


Me visitaba el Maestro Shido y la Maestra Postrera (gurú y sensei, respectivamente), con el propósito de elaborar pan en mi cocina, grande honor para mí, y una noche antes me puse a velar las armas, a lo Quijote (trastos, harinas, horno y masa madre). Amaneció y luego de horas, los maestros no aparecían, y pensando en alguna posible y velada prueba, me atreví a adelantar la preparación de la masa, de acuerdo a las instrucciones dadas días atrás.


No sólo se haría pan multigrano, había que preparar la comida, porque no solo éramos nosotros, sino un par de comensales de exigente paladar, quienes a ratos preguntaban cuál sería el tiempo estimado para degustar unas cuantas rebanadas del tan anunciado platillo.


Las imágenes no dejan lugar a dudas del tremendo atracón que se avecinaba, el problema era el tiempo... sí, el tiempo, la cuarta dimensión cuántica. ¿Y cómo se le gana tiempo al tiempo? Aplicando la técnica del montón, ocho brazos para deleitar dos paladares.


Los ingredientes están a la vista, y si sirve, les confirmo que supo tan bien como se ve. Luego de preparar la masa, de colocar la base de tomate, se procedió a los champiñones.


Las aceitunas (que más de uno me ha dicho sean de preferencia negras) en el mundo de las "pitsas" son color... ¡aceituna!


Queso "shiuaua" y cebolla amarilla.


Rematando con nuez... y en lo particular considero es uno de los ingredientes que le meten filo a la combinación... elemento éste que olvidé hoy, por falta de costumbre.


Así estaban antes del "infihorno"...


Y así salieron... ya luego desaparecieron.

Hasta acá no he dicho que soy Cinta Negra, 2° Dan, en comida horneada, lo que me obligó a dar cuenta de éstos dos "pitsos".



Estas dos últimas son las de antes y después de la segunda charola, con ajonjolí, y lo demás que está a la vista de ustedes... y así como hay a quienes los apodan "genios" (se destapa un pomo y aparecen de volada), los hay también a los que apodan "vecino", y que vienen atraídos por el hipnótico olor del pan horneado. Ya instalados en la mesa degustan el plato en cuestión, y luego intentan halagarnos (lo cual consiguen, por supuesto) cuando dicen: "Esto sabe mejor que la pizza..." (acá omito los nombres, por pudor) Yo le contesto que así es, porque lo que están terminando se llama "Pitsa", no esas bagatelas llamadas pizzas.


Insisto, digo que no tengo mucho que decir al respecto. Cuando me sienta listo lo diré, por lo pronto solo me queda pensar en la siguiente ración, que promete ser espectacular.



Por mejores "pitsas"...

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